La congregación

La congregación

Hermanas franciscanas  misioneras de la natividad de nuestra señora

La Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras de la Natividad de Nuestra Señora, llamadas tradicionalmente Darderas por su fundador, Francisco Darder, iniciaron sus andanzas como una causa pía, bajo el amparo de la Congregación seglar de la Natividad de Nuestra Señora, principalmente dedicada al ejercicio de la caridad para con los enfermos del Hospital de la Santa Cruz y de las cárceles.

 Francisco Darder fundó en 1731 una causa pía de mujeres con el fin de atender a las enfermas del Hospital de la Santa Cruz de Barcelona, y no sería hasta 1896, con la Madre Isabel Ventosa Roig, que esta causa se transformaría en una congregación religiosa, atesorando sus experiencias y colaboración con voluntarios y causas laicas.

Misión

El estilo de vida de las hermanas Darderas se guía por la espiritualidad mariana-franciscana, así como por la de sus fundadores, Francisco Darder e Isabel Ventosa, sirviendo con: humildad, sencillez, alegría, fraternidad, hospitalidad y atención ante la necesidad, de forma constante y universal. Su finalidad es la de procurar provecho espiritual y temporal para el prójimo, pues han sido enviadas para curar, consolar y aliviar a las personas enfermas y necesitadas.

La caridad hecha servicio resume su misión, queriendo llevar a las vidas de quienes asisten la esperanza que Jesús les aporta a ellas. Servir para que los demás tengan vida y paz.

Las Hermanas Franciscanas Misioneras de la Natividad de Nuestra Señora están presentes en 6 países y, entre sus obras apostólicas, encontramos: Atención Domiciliaria; Centros asistenciales; Centros educativos; Pastoral de la Salud; y Misiones.

La caridad hecha servicio

Orígenes

El joven Francisco Darder entró muy pronto a formar parte de la Congregación seglar de la Natividad de Nuestra Señora de Belén de Barcelona. Acudía diariamente al Hospital de la Santa Cruz para lavar, cortar uñas y cabello, y afeitar a los enfermos. Siguiendo el ejemplo de otro congregante, Darder convocó a tres mujeres, llamadas desde entonces «Señoras Darderas», con el fin de que asistieran y sirvieran a las mujeres enfermas del Hospital General de la Santa Cruz. Con ese fin, compró dos casas en la calle del Carmen de Barcelona, donde se trasladaron a vivir las primeras Darderas: Mariana Escolà, Catalina Pons y María Figueras. 

En su testamento, Francisco Darder cedió sus bienes a la Congregación seglar de la Natividad para que cuidasen a las Señoras dedicadas a las enfermas del Hospital, con la máxima de que debían servir: «de día y de noche, constantemente, incesantemente, perpetuamente». 

Cuando Isabel Ventosa sintió la llamada de Dios e ingresó en la comunidad de las Señoras Darderas de Barcelona, ésta no era todavía una comunidad religiosa.

A pesar de ello, y animada por el director espiritual de la comunidad, Manuel Cavaller, decidió dedicar su vida al cuidado de las enfermas y vivir su vocación en el seno de esa comunidad.

En 1876 fue nombrada superiora de las Darderas y decidió ampliar el campo de apostolado con asistencia a enfermos en casas particulares y formación a jóvenes.

Finalmente, ayudada por el Dr. Antonio Ríu, director espiritual de las Darderas, y el Dr. Salvador Casañas, Obispo de Urgell, redactó las nuevas constituciones que regirían la comunidad, mostrando su peculiar estilo de vivir el evangelio, y convertiría la causa pía en una congregación religiosa, adoptando, por deseo explícito de las Hermanas, la Regla de la Tercera Orden Regular de San Francisco de Asís